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Alergia, intolerancia y enfermedad celíaca ¿Sabemos diferenciarlas?

Publicado el 02 de Febrero de 2018 | Blog
GLUTEN

Seguro que has escuchado hablar de la enfermedad celíaca con multitud de términos, el más común: “intolerancia”. Así que, para aclarar términos, hoy queremos explicarte las diferencias entre alergias e intolerancias y dónde enmarcamos la enfermedad celíaca.

Empecemos con un poco de contexto. Lo primero que hay que saber es que existen reacciones tóxicas y no tóxicas a los alimentos. Las primeras afectan a toda la población y se deben a agentes tóxicos en los alimentos, como metales pesados (el mercurio, por ejemplo) o bacterias vivas como la Salmonella.

Pero es en las reacciones no tóxicas donde encontramos la controversia, ya que dentro de estas se encuentran las alergias e intolerancias. Y, ¿en qué se diferencian? En la participación o no del sistema inmunitario.

Cuando no interviene el sistema inmunológico, estamos hablando de una intolerancia y está causada por déficits enzimáticos que impiden la correcta digestión o absorción de nutrientes, como la lactosa.

En el caso de las alergias, el sistema inmunológico está implicado en la reacción adversa al alimento en cuestión. Y aquí vamos a hablar de la inmunoglobulina E (IgE), una proteína de defensa que, para que nos entendamos, actúa como mediador en las reacciones alérgicas típicas. Si eres alérgico a algún alimento, seguro que en la analítica de sangre donde te lo detectaron ves que tienes la IgE disparada. Este tipo de reacciones alérgicas a alimentos se manifiestan de manera rápida, en menos de dos horas tras haber ingerido el alérgeno (a veces a los pocos minutos) y provocan desde erupciones cutáneas, hinchazón de labios y lengua o sensación de ahogo hasta shocks anafilácticos en los casos más graves. También pueden presentarse con síntomas digestivos como diarrea o vómitos.

Pero existen otras alergias que no están mediadas por la IgE. En este caso, la reacción es más tardía y el mecanismo inmunológico no está tan claro. Por este motivo, es difícil identificar marcadores que permitan diagnosticarlas de forma fiable. En este grupo suelen incluirse la esofagitis eosinofílica o las enterocolitis inducidas por proteínas. Muchas de ellas se manifiestan a edades tempranas y algunas son transitorias. Un ejemplo es la alergia a la proteína de leche de vaca.

Y ahora es cuando te estás preguntando dónde incluimos la enfermedad celíaca. Vamos allá:

  • Si tenemos claro que la enfermedad celíaca no afecta a toda la población, sino a un 1%, sabemos que no puede catalogarse como una reacción tóxica a alimentos (al gluten, más concretamente).
  • Su base inmunológica quedó bien demostrada hace más de una década. De hecho, los anticuerpos antitransglutaminasa en sangre o el aumento de linfocitos intraepitaliales en el duodeno son el reflejo de la reacción inmunológica adversa que desencadena el gluten. Por lo que también descartamos la denominación clásica de “intolerancia permanente al gluten”.
  • Está claro que no es una alergia mediada por IgE, ya que no provoca elevación de esta inmunoglobulina en sangre ni se manifiesta como este tipo de alergias alimentarias.
  • ¿Se trata entonces de una alergia no mediada por IgE? Éste es el punto más discutido por los especialistas. Desde el ámbito de la Alergología, es habitual encontrar la enfermedad celíaca incluida en este tipo de alergias. Pero desde el punto de vista de la Inmunología, se debate entre la alergia no mediada por IgE y la enfermedad autoinmune, siendo esta segunda opción la más consolidada, porque la enfermedad celíaca posee muchas de las características propias de las enfermedades autoinmunes.
  • Entonces, ¿por qué se sigue hablando de ‘intolerancia al gluten’ en medios de comunicación, en establecimientos como los herbolarios o, incluso, en sectores profesionales como las farmacias, las consultas médicas de atención primara o en especialistas de aparato digestivo? Probablemente, por costumbre, siempre se le ha llamado así, tal vez porque desde el punto de vista clínico se asemeja a las intolerancias alimentarias cuando se presenta con síntomas intestinales.

Una vez tenemos todo esto claro, nuestra recomendación es evitar referirse a la enfermedad celíaca como una intolerancia, porque induce a pensar que se trata de un problema leve y reversible y que la cantidad de gluten que puede tomar un paciente depende de la severidad de los síntomas digestivos que le provoca. No es raro escuchar que alguien es “muy intolerante” o “poco intolerante”. Esto no es así. Una persona celíaca lo es y debe hacer una dieta sin gluten estricta y permanente, independientemente de sus síntomas. Y es que cantidades muy pequeñas de gluten son capaces de activar el sistema inmunológico y que la activación crónica de este sistema de defensa es negativa a largo plazo, aunque no provoque síntomas.

 

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